Detroit: Become Human. La nueva esclavitud

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Nuevos espacios de crítica.

Cuando la dominación y el sometimiento han sido normalizados por la sociedad, es necesario crear nuevos paradigmas que permitan visibilizar situaciones de discriminación e injusticia. Son muchas las vías de acceso que permiten provocar una reacción en las personas, pero a veces las encontramos en lugares poco comunes.

La literatura y el cine han sido espacios históricos de reivindicación. Enfrentar a lectorxs o espectadorxs directamente a situaciones de injusticia ha permitido crear vínculos de empatía entre aquel que mira, y el que muestra su historia en una pantalla o en un libro. Pero hay un espacio que permite acercarse todavía más a esa generación espontánea de empatía e identificación con el sujeto que sufre. Un espacio en el que diferenciarse de ese “otrx” es cada vez más complicado, y que fuerza una profunda reflexión en aquel que se sumerge en una experiencia que difícilmente le dejará indiferente.

Este espacio es una oportunidad para experimentar lo que otrxs sienten, desde su punto de vista, desde su experiencia personal. Un lugar desde el que mirar siendo otrx, llevando otras mochilas que nos fuerzan a cambiar nuestro paradigma. Se trata de un sector aún desconocido para muchxs, pero que promete ser el futuro de una reivindicación feroz y tremendamente efectiva. Este mundo es el sector de los videojuegos que, demonizado por algunos, e idealizado por otros, está en aras de generar nuevas estrategias de reivindicación por la posibilidad de crear escenarios imaginarios tremendamente igualitarios.

Para crear un mundo mejor, primero hay que imaginarlo, y esta es la posibilidad que ofrecen las historias virtuales, que cada vez se acercan más a un ideal de sociedad igualitaria y realista con las características y potencialidades diversas de los seres humanos.

Detroit, 2038

A partir de aquí, hablaremos de la trama del videojuego. Os aconsejo que si aún no lo habéis hecho, os atreváis a adentraros en el mundo de Detroit: Become Human. Contiene spoilers, así que si tenéis la intención de jugar, hacedlo antes de continuar leyendo.

Markus es un androide privilegiado que ha sido creado específicamente para satisfacer las aspiraciones de un hombre al que la relación con su verdadero hijo le ha dejado en un estado de frustración permanente. En él vuelca toda su sabiduría, pero también su amor, cosa a la que los androides no están acostumbrados. Tratado de manera respetuosa por su padre adoptivo, pero despreciado por su entorno, ha sido capaz de ver lo mejor y lo peor de la especie humana: el amor y el odio.

Su padre le empuja continuamente a buscar su verdadera identidad, a interrogarse sobre lo que piensa o lo que siente, sobre todo aquello que lo abruma y a lo que no puede dar nombre. Markus se da cuenta de que ser un androide no le impide tener sueños e ilusiones, sentir amor o malestar ante la injusticia. Descubre en él mismo la capacidad de crear, de amar y de construir su propia personalidad, basándose en sus propios valores. Descubre por sí mismo que el hecho de ser diferente a los humanos, no lo convierte en un sujeto carente del derecho a decidir sobre su propia vida. Una vez consciente de su potencial, se propone liberar a todos los androides de una esclavitud de la que ni si quiera son conscientes.

«Cuando el mundo se sumerge en la oscuridad, algunos tienen el valor de sacarlo a flote. Tú eres uno de ellos… Enfrenta el abismo… Pero no dejes que te consuma.»

   Carl a Markus

Divergentes

Los androides que se salen de su programación original y empiezan a mostrar comportamientos humanos, son denominados divergentes. Se consideran un peligro para la sociedad, ya que son capaces de defenderse cuando se sienten amenazados. Simplemente por este hecho, se decreta su exterminio, ya que es impensable que un androide pueda dañar a un ser humano. Las expectativas de una sociedad en la que los humanos no deban encargarse de las tareas del hogar, cuidar niños o hacer trabajos duros, ha permitido que los androides estén presentes en todos los sectores laborales, incluso en la investigación policial.

Connor es un prototipo avanzado de Cyberlife que trabaja para las fuerzas de la ley, creado específicamente para eliminar a los divergentes. Muestra un nivel de eficacia que roza la perfección, cosa que lo convierte en una herramienta del sistema para acabar con aquellos que son iguales a él, pero que suponen un peligro para sus creadores.

Lo llamativo de este personaje es cómo su relación con su compañero humano, Hank, le hace reflexionar sobre el por qué los humanos odian a los androides. Esta relación es profundamente deconstructiva para ambos, que aprenden sobre el otro y son capaces de llegar a identificarse mutuamente. Hank es el personaje que representa a todxs aquellos humanxs que priorizan la justicia por encima del bienestar o de lo socialmente aceptable.

Gracias a él, Connor encuentra su propio camino hacia la divergencia, que le llevará a ser una pieza clave en la liberación de sus verdaderos iguales.

«A ellos no les importas. Solo eres una herramienta para hacer el trabajo sucio. Pero eres más que eso… Todos somos más que eso.»

Markus a Connor

Kara y el amor

El tercer personaje con el que tenemos la oportunidad de identificarnos es Kara, creada para llevar a cabo tareas del hogar, y cuidar de una niña, Alice.

La grandeza de Kara radica en su capacidad de amar por encima de todo. Por encima de su condición, de sus posibilidades y de su propia constitución androide. Kara establece un vínculo inquebrantable con Alice, que le llevará a romper todas las fronteras que la separan de un futuro alejado de la violencia y la agresión. En la programación de Kara se contempla, como en la de todos los androides, la imposibilidad de defenderse ante agresiones.

En su caso, es el amor por Alice lo que le permite desincrustar lo incorporado en su programa, y vencer todas las barreras que la convertirán en una persona valiente, fuerte y tremendamente resolutiva. Su objetivo es la libertad, es el que se marca para empezar a construir su propia identidad, y es lo que le llevará a la consecución de sus metas y a su propia liberación. En un momento de la historia, Kara mantiene una conversación con Markus, que se sorprende de que Kara haya luchado contra todo para proteger a una niña humana.

«No me interesa si es humana o androide… Es alguien importante para mí.»

Kara a Markus

En su camino, Kara se encuentra con todo tipo de personas que la ayudan o la traicionan dependiendo de su condición, pero hay un personaje que cabe mencionar para entender la implicación histórica de mucha gente que ha arriesgado su vida para ayudar a otrxs.

Rose y la esclavitud del pueblo negro

Rose, una mujer negra que ayuda a androides que necesitan protección, muestra una gran empatía con la discriminación de los androides, comparándola con la situación de las personas racializadas a lo largo de su historia.

«Mi gente ha sido tratada a menudo como si sus vidas no importaran.»

Rose, mujer negra

Aquel que ha experimentado la dominación en su propio cuerpo, ya sea actual o históricamente, es necesariamente más sensible ante las discriminaciones de otrxs. Rose arriesga su bienestar para ayudar a aquellxs que considera personas, pero a los que la sociedad les niega la posibilidad de tener derechos.

Detroit: Become Human es una crítica al progreso tecnológico que no se acompaña de una evolución moral. Hasta qué punto es justificable la explotación de seres, sea cual sea su naturaleza, para satisfacer las necesidades de una humanidad insensible a las necesidades de aquellos que crea.

La posibilidad de identificarnos con Markus, Connor y Kara es una oportunidad de entender los mecanismos que subyacen a la cognición, que en el caso de los androides es un programa instalado, y en el caso de los humanos es la socialización en un sistema preestablecido y creado para la incorporación a una estructura que genera desigualdad de manera sistemática.

Cómo deconstruirnos y volver a programar nuestro sistema cognitivo es algo para lo que todavía no se nos ha preparado, pero que seguramente será inevitable en un futuro cercano, cuando llegue el punto en el que no sea posible mirar hacia otro lado al presenciar las desigualdades que nos rodean. Mientras tanto, este videojuego nos permite practicar con una multitud de posibles consecuencias a nuestros actos. Videojuego hipnótico, emocionante, y tremendamente deconstructivo.