Reflexiones de una mente atropellada

DIARIO DE CAMPO

Jueves 22 de agosto de 2024.

Maestros de paciencia

La paciencia es una virtud que desde muchas religiones se ha incentivado, por su gran utilidad a la hora de enfrentarse a los problemas mundanos. No caer ante provocaciones, no dejarse llevar por las emociones negativas, entender que los demás no actúan para hacer daño, sino que actúan y ya…

En el budismo tibetano existe la figura de los Maestros de paciencia, aquellas personas que distorsionan nuestra paz mental, que nos incomodan, nos sacan de quicio y a las que queremos evitar a toda costa. 

Es indudable que este tipo de personas están y estarán presentes en nuestras vidas queramos o no, pero es curiosa la importancia que en el budismo se le da a esta figura.

Para poder desarrollar la virtud de la paciencia, es necesario poder practicarla, y si todo nuestro entrono es una balsa de aceite, sin altibajos ni contratiempos, es imposible desarrollarla. Por este motivo, los maestros de paciencia se convierten en piezas clave para poder avanzar en el camino. Cumplen una doble función, por un lado mejorar a nivel personal, y por el otro, transformar la energía negativa en algo diferente. 

El ver a los maestros de paciencia como piezas clave para crecer, avanzar y practicar el camino budista, es algo que, como poco, genera espacios de comprensión y entendimiento. No significa que se deba tolerar ningún tipo de abuso ni violencia, al contrario.

Sirven de ayuda para desarrollar estrategias, fortalecer la conducta asertiva y la resolución de conflictos. Obligan a mirar de frente todo aquello que incomoda, molesta y enfada, e intentar entender.

En muchas ocasiones la conducta de estas personas no es más que un reflejo de nuestros propios miedos y traumas, y ententender por qué actúan del modo en que lo hacen, puede ayudarnos a sanar nuestras propias heridas. 

A veces permanecen en nuestro entornos un breve periodo de tiempo, y otras pueden permanecer durante años. Sea como sea, verlos como oportunidades para trabajar nuestra propia conducta, puede ser un recurso muy valioso. 

Martes 26 de marzo de 2024

Caminar con mis zapatos

En ocasiones, cuando escucho las experiencias de otras personas, con pensamientos y situaciones muy diferentes a los míos, viene a mi mente el estribillo de la canción «If you try walking in my shoes», del LP «Songs of Faith and Devotion» de Depeche Mode.

La primera vez que la escuché estaba en uno de esos momentos de rebeldía tan típicos de la adolescencia. Me abanderé con ese mensaje (y con el grupo musical de manera ferviente), aunque no entendí muy bien el mensaje. En aquel momento no parecía tan importante que la gente entendiese mis motivaciones, básicamente se trataba de sobrevivir.

«Si intentas caminar con mis zapatos, tropezarás en mis pasos».  Hoy me doy cuenta de lo sencillo y casi inevitable que resulta juzgar a los demás. Pensar en lo que haríamos (o no haríamos) en una situación concreta, sin tener en cuenta que nuestra perspectiva está totalmente por nuestra experiencia personal. 

Alejarse de las las propias opiniones, entender que cada persona tiene unas herramientas y oportunidades inextricablemente unidas a una experiencia vital que no se elige y que viene dada por el azar (o la fortuna diría yo), no está al alcance de todo el mundo. 

Sólo hay que mirar atrás para entender, situándonos a nosotros mismos como protagonistas, que seguramente hicimos cosas en el pasado de las que no nos sentimos orgullosos.

Aquello con lo que tenemos que convivir, un recuerdo distorsionado por el tiempo que nos traslada a un sufrimiento inevitable por la imposibilidad de viajar en el tiempo y cambiar todo aquello que querríamos eliminar de la memoria. Nuestros errores, nuestras decisiones desafortunadas, esos pasos que nos condujeron a arenas movedizas de las que logramos escapar, aún con heridas profundas. 

No juzgar, no opinar, no creer que lo que haríamos nosotros ahora es lo correcto, porque en aquel momento carecíamos de la perspectiva que la experiencia nos regala como un tesoro en este momento. 

Después de tantos años, me doy cuenta de que no existe lo correcto o lo incorrecto. Que el bien y el mal se confunden continuamente, dando forma a situaciones difícilmente clasificables. Que sólamente podemos intentar ser fieles a lo que nos dice nuestra moral y nuestro instinto.

 

Martes 9 de enero de 2024.

Niñas

¿Cuándo se acaba la infancia en las niñas? Hoy, en una sesión con adolescentes me he dado cuenta de que la etapa de 12 a 16 años en las chicas es crucial para su existencia. 

Aún con perfiles tan diversos, con experiencias tan diferentes entre ellas, todas deben enfrentarse al despertar de su sexualidad envueltas en condicionamientos machistas y expuestas a depredadores sexuales de todo tipo, dentro y fuera de su ambiente más cercano. 

He entendido, al ver el mundo a través de sus ojos, que la primera herramienta que pueden adquirir para construir una personalidad fuerte y sana emocionalmente es ser conscientes de su lugar en el mundo.

Empatizo con la soledad que sienten, y me traslado a mi propia adolescencia, tan lejana ya que parece ser una historia vivida por otra persona. Introduciéndome en el mundo adolescente vuelvo a aquella época, y recuerdo lo difícil que resulta navegar en tu propio mar de emociones en aguas turbulentas y sin rumbo fijo. 

Muchas, sin referentes y sin apoyo confiable, toman continuamente decisiones que las alejan de sus objetivos sin darse cuenta.

¿Cómo acompañarlas hacia un futuro incierto en el que tendrán que enfrentarse a la crudeza de un mundo que no las va a ver, más a allá de sus cuerpos?

Por ahora me conformo con escucharlas, con intentar entenderlas y generar un espacio seguro en el que puedan mostrarse tal como son. Los lugares en los que despojarse de las tortuosas etiquetas que nuestra sociedad patriarcal les asigna no abundan, y por ello son especialmente valiosos.